Me elijo en silencio

Me elijo en silencio

Desde hace tiempo he venido sintiendo un ruido constante en el fondo de mi mente. No era un ruido escandaloso, sino un zumbido persistente, como el de una notificación que nunca se apaga, como una exigencia silenciosa que dice que hay que estar, responder, publicar, demostrar, sostener, mantener todo en pie.

Durante mucho tiempo, he sido la persona que mantiene vínculos, que tira de proyectos, que se adelanta a las necesidades ajenas, que intenta aportar luz, que se entrega con sinceridad y con constancia. Y lo he hecho porque me nace. Porque me importa. Porque cuando creo en algo o en alguien, lo doy todo. No me interesa ser parte a medias de nada.

Pero en ese proceso también me he ido desgastando. He ido notando que muchas de las relaciones, colaboraciones y vínculos que tenía no eran tan recíprocos como parecían. Que muchas veces, más que caminar al lado de alguien, lo que estaba haciendo era empujar la relación sola. Sosteniéndola desde el compromiso, la inercia o incluso desde la esperanza de que, en algún momento, el otro también decidiría poner de su parte.

No estoy decepcionada, estoy despierta.
Y con esa lucidez nueva, he tomado una decisión simple pero poderosa: voy a desaparecer un tiempo de las redes sociales.

No como castigo para nadie, no como grito de atención, no como un gesto simbólico para que alguien venga a buscarme.
Lo hago por mí.
Porque ya no me interesa demostrar nada.
Porque me he dado cuenta de que cuanto más presente estoy fuera, más ausente empiezo a estar dentro de mí.
Porque el valor de mi existencia no debería medirse por la constancia de mis publicaciones ni por la cantidad de veces que respondo mensajes, sino por cómo me cuido, cómo me escucho, y cómo me sostengo a mí misma sin aplazarme todo el tiempo por los demás.

No me estoy yendo del todo.
Solo me estoy volviendo a casa. A mi cuerpo, a mi mente, a mi paz.
A lo que me hace sentir viva sin necesidad de ser visible.

Quiero volver a leer sin distracciones.
Quiero hacer ejercicio no para demostrar disciplina, sino para sentirme fuerte.
Quiero trabajar desde la concentración, sin tener una parte de mí dividida entre “lo que tengo que subir” y “lo que tengo que contestar”.
Quiero estar con la gente que sí está. No solo con los que aparecen cuando tienen algo que ganar.

Este no es un cierre definitivo.
Es un descanso elegido.
Un retiro sin anuncios.
Una pausa donde no hay ruido, ni justificaciones, ni promesas de cuándo volveré.
Solo hay un espacio que me voy a regalar para reconectar conmigo.

Si alguien lo nota y le importa, sabrá encontrarme.
Si alguien se aleja porque ya no estoy presente a su medida, sabré que nunca estuvo de verdad.

Gracias a quienes han estado. Gracias a mí por darme cuenta.
Nos vemos cuando vuelva a necesitar estar fuera.
Ahora mismo, solo quiero estar dentro.

Post A Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *